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Lo mejor está por llegar

sábado, julio 30, 2011

La historia del hombre con lo justo

Conozco la historia real de un hombre cuya mujer era tan celosa y manipuladora que no le dejaba ir a la calle con dinero. Sólo podía llevar lo justo para comprar el pan, el periódico, el tabaco... si se encontraba con algún amigo por la calle que le ofreciera la oportunidad de irse a tomar una cerveza, este hombre no podía tomarse la cerveza. Si perdía el autobús, este hombre no podía coger un taxi. Si se encontraba a un mendigo por la calle, no podía darle una limosna. Si tenía hambre, no podía decidir comprarse algo para saciarse. No podía tomar decisiones que implicaran dinero. Si se gastaba el dinero que su mujer le había dejado ese día en cosas distintas a lo programado, ese hombre símplemente, era juzgado de traidor y ajusticiado.

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Cuando hay amor, el dinero no importa. Eso es cierto. Pero cuando el amor es tan retorcido y sucio como el de la historia que acabo de contar, el dinero se convierte en una herramienta más para controlar y hacer daño. Entonces deja de estar exento de importancia.  Al igual que puede ser una herramienta de manipulación, también puede ser una herramienta de defensa y es importante saber cosas del dinero. Una gacela no puede permitirse el lujo de ignorar cómo funciona el dinero  y cómo debe conseguirlo. Ni siquiera aunque el dinero no fuera problema, aunque la jaula fuera de oro, porque cuando la gacela sea libre tendrá que arreglárselas sola con sus problemas y el dinero será uno de ellos. Si algún día tienes cualquier duda sobre dinero, escríbeme sin dudarlo a anaislibre@gmail.com. Yo tuve que aprender cómo funciona el dinero.
Permitidme que cierre el capítulo sobre el dinero aquí porque la historia que he contado me sirve también para alegar algo muy importante. Como dije, la historia del hombre que iba con lo justo, es una historia real. Alguien que yo conozco me la contó hablando sobre un amigo suyo. En cuanto la escuché pensé que ese hombre estaba en "estado de fuga", vivía con una leona. Ese hombre era una gacela y ni siquiera había pedido ayuda. El mismo protagonista de esta historia ignoraba su situación.
Una vez leí en un libro que el porcentaje de mujeres "en fuga" con respecto a hombres "en fuga" era de un 90% frente a un 10%, es decir, que hay más leones que leonas, según ese libro. Sin embargo, no creo que sea justo que por ese motivo, retiremos la ayuda a los hombres gacela. En una ocasión, leí en un foro a un hombre que decía que había sido gacela y que fue a pedir ayuda utilizando los mismos cauces que utilizan las mujeres y se le fue denegada por ser hombre. Ese hombre pudo haber escrito su verdad pero el caso es que nadie le creyó. Todo el mundo se le echó encima. A veces veo colaboraciones de hombres que dicen que los hombre gacela también existen y de repente todo el mundo les tilda de mentirosos. Parece ser un tema escabroso que no debe ser tocado porque se politiza rápidamente.
Se habla de "violencia machista", de "abuso hacia las mujeres", de" mujeres maltratadas". Estas palabras se asocian fácilmente, pero cuando se asocian con el sexo opuesto, entonces se desconfia. En parte tiene sentido porque los leones hacen daño a sus gacelas y cuando éstas se defienden entonces las tildan de leonas ante terceros. Podria ser una explicación de por qué no creemos que existan hombres gacela. Pero está claro que los que existen ni siquiera pueden contar su historia sin que sean juzgados desconfiadamente y pienso que no es justo.
Decía José Martí: "No existen hombres blancos y negros sino hombres buenos y malos" y así es como creo que deberíamos ver el mundo, no como un mundo donde hay hombres y mujeres sino personas buenas y personas malas. Si pudieramos verlo así, nuestros prejuicios no se convertirían en grandes injusticias y las gacelas no serían tan permisivas con los leones ni tendrían tantas dudas sobre su maldad.
Una vez planteado este asunto, creo que sé cómo podemos dejar a un lado la desconfianza con respecto a los hombres gacela. Creo que deberíamos escuchar sus historias. Las historias explican perfectamente quién es el león, como en esta historia real que cuento. Cuando una gacela explica sus sentimientos, se parecen mucho entre sí: la culpa, las dudas, el amor, el odio...  estos mismos sentimientos los tienen los hombres gacela y quizá en eso podamos distinguirlos de los leones disfrazados de gacela. Corremos el riesgo de equivocarnos pero, francamente, yo prefiero equivocarme de tildar de gacela a un león disfrazado, que de tildar de mentiroso a un hombre gacela que pueda estar necesitando ayuda.

Yo creo y pienso que existen los hombres gacela. Es más, a mí me han pedido ayuda hombres gacela con las mismas dudas y los mismos sufrimientos que las gacelas femeninas. Y es verdad, es más fácil que sea el hombre el que levante la mano para pegar a una mujer. Pero en el mundo de las heridas hechas con palabras, los sexos estamos igualados.

¿Rompemos una lanza por todas las gacelas sean del sexo que sean?