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Lo mejor está por llegar

lunes, diciembre 20, 2010

Si pegas una vez ¿Eres león?

Sinceramente: siempre que alguien me confiesa que ha pegado a su pareja no sé qué decir. Me es imposible diagnosticar, como ellos suelen pedir, su condición de león. Hay veces que personas que han pegado a sus parejas confiesan en foros de maltrato lo que han hecho. Todo el mundo se abalanza sobre ellos indicándoles que son de lo peor. Los juzgan severamente y yo me pregunto si es justo hacerlo puesto que considero que han tenido mucho valor en confesar eso en un foro donde la mayoría son víctimas.

Una vez leí que los leones son expertos en provocar una disputa y si no quieres, insisten e insisten hasta que la dulce gacela saca el aguijón y es justo en ese momento cuando la declaran loca o maltratadora. Hasta las personas más tranquilas pueden llegar a sufrir ataques de ansiedad... como es mi caso. Un insulto o una acusación muy dolorosa o muy injusta puede despertar mucha rabia. Si algún día alzamos la mano ¿nos convertimos en leones?

Creo que hay una clara diferencia entre león y gacela enfadada y no es la de levantar la mano un día. La primera de ellas es la asiduidad. Los leones dejan a su paso un reguero de gacelas heridas: otras parejas, familiares, hijos... Las gacelas sólo intentan herir a sus leones cuando intentan defenderse.

Hay otra diferencia clara: un león jamás confiesa con culpa que ha pegado a un tercero porque normalmente se cree con la razón y jamás admitiría su responsabilidad en una relación de maltrato. Puede mostrar culpa ante su gacela para manipularla y rogarle perdón con el objeto de que no se separe de ella. Pero ante un tercero se mostrará como una víctima de su gacela. Dirá a todo el mundo (especialmente a sus amantes) que es un incomprendido, que su pareja le monta espectáculos, que le agrede verbalmente... ante terceros, su relación será o perfecta o se identificará él como la víctima.

Hay leones que se atreven a denunciar por maltrato a sus gacelas, asunto este que me parece el colmo de los colmos pero que es más frecuente de lo que creemos. Y por eso hay que tener mucho cuidado y delicadeza con quienes confiesan que han pegado y con quienes confiesan que les han puesto una denuncia injusta. No sabemos si son leones, la verdad, aunque sí sabemos una certeza irrefutable: ambas historias confesadas, JAMAS DEBIERON OCURRIR.


 

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