Translate

Lo mejor está por llegar

miércoles, enero 16, 2013

En el borde del precipicio

Fuente de la foto
Antes de fugarme de casa, estuve martirizándome durante años porque ya no deseaba seguir en esa relación tan dañina pero no sabía cómo salir de ella. Me sentía encarcelada porque tenía muy claro que no deseaba estar donde estaba pero no me veía capaz de dar el paso. Soñaba con el día en que mi león, en una de sus infidelidades, se enamorara de otra pobre desgraciada futura gacela y decidiera dejarme en libertad. Sería perfecto que así fuera y se sintiera culpable y de esta manera no habría represalias para mí, por ser yo la que tomara el paso. Durante años anduve culpándome por la falta de valor, por tener miedo, no sólo a lo que él pudiera hacerme a mí o lo que intentara hacer a los míos (ya que en alguno de mis amagos, metió a mi familia en el campo de batalla). También le tenía pánico al desamparo económico en el que me vería si escapaba. Ahora la gente se angustia con la crisis pero el caso es que yo he vivido en crisis desde que conocí a mi león. Apenas ganaba 500 euros y no podía mantenerme sola.

Ese tiempo no pasó en balde. Estaba trabajando para ser libre. Intenté buscarme un trabajo mejor, con más sueldo. Guardaba publicidad de mudanzas, empaquetaba mis libros en cajas, intentaba ahorrar dinero, intentaba progresar en el trabajo... pero el tiempo de ver la libertad parecía eterno. No encontraba la salida, no me veía capaz. En varias ocasiones había roto la relación, me había escapado de casa pero tenía que volver porque no tenía adónde ir.

En mitad de esa desesperanza, cuando no veía salida alguna porque me frenaba entre otras cosas, mi propio pánico, topé con muchas personas que habían salido de infiernos muy parecidos al mío. La mayoría de ellas, las buscaba yo en foros de internet para saber cómo habían conseguido salir. La respuesta la obtuve una vez por casualidad.

Conocí a una persona que siempre estaba alegre. Me fascinaba su entusiasmo diario, inquebrantable y me gustaba tenerla cerca. Era una excelente compañera de trabajo, divertida, muy atractiva (todos los compañeros se fijaban en ella porque era verdaderamente guapa). Un día tuve una discusión infernal  con mi león y aguantaba las lágrimas en el trabajo hasta que no pude más. En ese momento, esta compañera me confesó que había vivido 10 años con otro león. Se trataba del típico caso de la mujer guapa  y atractiva que sólo por el hecho de que su belleza atraía a las personas, su pareja la insultaba a diario culpándola de coquetear con los demás. Un día, después de tenerla encerrada, de no poder tener amigos, de no poder relacionarse, le pegó una bofetada y ella entendió que era la gota que colmaba el vaso.

Y en ese momento en que yo estaba angustiada, como siempre, llena de tristeza, mi amiga me hizo un símil que nunca se me ha olvidado y que quiero compartir en este blog:

"Cuando vives con una persona así, siempre andas en el borde de un precipicio, a punto de saltar hacia la libertad pero con un miedo terrible al vacío. A veces deseas saltar, a veces el vértigo te frena y durante un tiempo andas siempre con un pie en tierra firme y el otro deseando saltar al precipicio, siempre con dudas. Sin embargo, llega un día en que ocurre algo lo suficientemente fuerte que te hace saltar y siempre ocurre".

Supe años después lo que quería decir. Somos un vaso a punto de colmarse y llega un día en que, con el hecho más absurdo, el vaso se colma. Nuestro corazón se llena de fuerza y determinación.  Ese día... saltamos al precipicio y no volvemos a agarrarnos al filo, esperando un futuro más tranquilo. Sólo saltamos y saboreamos el placer de la caída libre, tan aterradora y a la vez tan libertadora... siempre llega ese día porque siempre se colma el vaso. 


Tranquila, gacela... ocurrirá.