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Lo mejor está por llegar

viernes, noviembre 23, 2012

Fases de una discusión


Aquellas personas que hemos experimentado la violencia ajena, podemos intuir que hay un momento de la discusión en el que "las cosas se ponen feas" y el león de repente enseña sus fauces. No sabemos cómo ha ocurrido porque nos vemos inmersos en una vorágine que no hemos elegido. Y no lo podemos evitar. No recordamos tampoco el proceso, rara vez podemos reproducir una discusión con exactitud, se producen grandes lagunas. Lo único que sabemos es que no la provocamos nosotros. 

Estas discusiones pasan por varias fases que quiero describir y que están constituidas por trampas en las que no debemos caer. Se producen porque, en realidad el león desea que se produzcan, le gusta el juego, le gusta la provocación, le gusta vivir en guerra y está invadido de odio por los supuestos agravios que le has infringido, que en realidad son inventados para seguir teniendo motivos para vivir en guerra. 

La primera fase, es un juego en el que te hace creer que tienes derecho a réplica. Está lleno de pequeñas provocaciones, o frases con trampa para que, respondas lo que respondas, tu león tenga un motivo para castigarte, ésta vez con más dureza. 

La segunda fase es un desafío, aquello que has respondido en la primera fase se vuelve contra ti. En realidad, da igual lo que has contestado. Si le das la razón, entonces has hecho algo malo, si no se la das, entonces mientes, por tanto en esta fase es donde tú crees que ha empezado la discusión porque es cuando se producen interrogatorios desafiantes, cuando se producen los gritos, cuando te amenaza. En esta fase ya no tienes derecho a réplica pero tú piensas que aún lo tienes porque no te lo ha vedado explícitamente  Lo que ocurre es que cada vez que replicas, la violencia se incrementa. 

La tercera fase es la de la explosión. Tu león actúa violentamente y desenfrenadamente. No hay límites para ejercer la violencia. Ahí ya sabes que no tienes derecho a réplica porque si lo haces su respuesta es muy peligrosa. En casos de violencia física, ya sabes que si hablas puedes verte en una situación muy peligrosa. 

Entonces se trata de no llegar a esta tercera fase identificando las anteriores y poniéndole freno, no alimentando la conversación, cambiando de tema o simplemente el silencio. El silencio puede no parecer eficaz, y no lo es en una segunda o tercera fase (ya que no contestar a las provocaciones puede ser aún más provocativo) pero sí lo puede ser en una primera, cuando la ira todavía no ha empezado y, por tanto, nuestra réplica no está "provocando" reacciones violentas.

En realidad es un deseo por parte del león, llegar a ese estado de ira y violencia porque a veces buscan razones que no existen para estar enfadados. El motivo es que no se fían de la calma, de las buenas maneras porque ellos nunca han vivido en un ambiente así. Los leones creen en el poder de la ira. Y resultará muy difícil desequilibrar ese estado de ira o, más que ira, deseo de estar airado… pero hay que intentarlo, o bien desviando la atención (hazle pensar en números, diseña preguntas que para que él las responda, tenga que hacer cálculos como “desde cuándo me conoces, dímelo con exactitud, años meses días y horas” o “a cuándo asciende nuestra deuda”… ten preparadas siempre varias preguntas que le desvíen la atención que ahora dirige hacia ese camino de furia que desea tanto), o bien redireccionando la ira hacia otro lado (culpa a otro del problema o a las circunstancias, no niegues el problema, no digas “yo no lo he hecho” porque tú seguirás siendo el centro de la ira; di claramente que te han obligado, un jefe, o un extraño por la calle, alguien con quien no pueda descargar su ira).

La ira es un bloque de energía que no puede destruirse, sólo puede desviarse.  ¡No la frenes, desvía!