Translate

Lo mejor está por llegar

viernes, octubre 22, 2010

Cómo frenar una discusión.

Una discusión con un león no es una discusión normal. Se diferencia de las demás por los siguientes motivos:

1. El detonante: nunca es racional. Surge por cualquier tontería, un vaso que se rompe, un vecino que saluda, un cruce de miradas inintencionado, cualquier cosa que esté fuera de nuestro control, puede ser motivo de discusión.

2. La escalada de violencia que llega a alcanzar. El león no se molesta y te dice educadamente que se siente incómodo con la situación. No, esa no es su forma de relacionarse. El león se salta las barreras del respeto a la primera de cambio, barreras que una gacela jamás se saltaría. O eres torpe o adicto al sexo, o una mierda...

3. La imposibilidad de controlarlo: Si por haberse roto un plato te ponen la etiqueta de inútil, tú no lo permites. No se ha abierto un diálogo para plantear un problema. Simplemente somos atacados. Al ser atacados generamos adrenalina, especialmente si no es la primera vez y entonces perdemos el control de la situación. Actuamos tal y como nuestros impulsos reaccionan.

4. La gacela tiene la culpa siempre. Aunque el detonante no sea racional y esté ocasionado por algo fortuito, es la gacela la culpable, la que miró, la que sonrió al vecino, la que respondió al buenos días, la que rompió el vaso. No sirven las explicaciones. Es más, a veces éstas ocasionan más enfado al león.  La única salida que el león le deja a la gacela es la de admitir una culpa que no le corresponde. Pero también es una trampa admitirlo porque luego lo usará en contra de la gacela en otra discusión (admitiste tu culpa en esto, ¿o es que te lo tengo que recordar?)

La discusión con un león es un incendio que arrasa con todo y deja a su paso cenizas. El estado de agotamiento posterior y desesperanza deja a gacela inmersa en un mar de incertidumbre.

Una cosa es cierta, seguir las pautas del león, no permite frenar las discusiones. Con mucha más frecuencia las alimenta. El león es un guerrero y le gusta vivir en guerra, es su hábitat, es donde ha crecido y es donde se desenvuelve. Es donde gana. Así que nuestra única ventaja es sacarlo de la guerra. Tengo dos recursos para eso:

1. Silencio. No responder ni con gestos ni con miradas ni con palabras. Darle como respuesta el silencio. Su reacción será la de intentar provocar y nuestro reto será el de no ser provocados y responder con silencio... Te aseguro que se frena, yo lo he ejercido muchas veces.

2. Este segundo recurso lo he leído en un artículo pero no lo he puesto en práctica y por tanto no sé cuánto de útil puede ser. Consiste en cambiar de tema. Cuando más concentrado esté en su escalada de insultos y gritos, pregúntale por una nimiedad ("¿has bajado la basura?" o "Te ha llamado tu madre"). Si consigues incluso que tenga que hacer un cálculo ("Por cierto, ¿te ha llegado el recibo de la luz? ¿Cuánto ha sido?)... con eso consigues desequilibrarle. Quizá al principio no se te ocurra nada que puedas decir para cambiarle de tema pero si te lo piensas ahora, si tienes algún tema recurrente con el que le puedas interrumpir, tenlo preparado para cuando el león monte en cólera... porque lo hará. Mientras vivas con él, vivirás en guerra.