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Lo mejor está por llegar

martes, mayo 31, 2011

¿Cómo saber si el primer zarpazo es el último?

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Los leones, tienen por costumbre, pegar y después arrodillarse pidiendo perdón con un ramo de flores.Siempre ocurre. Siempre. En realidad, cuando ocurre la primera vez, ya deberíamos saber que no será la última pero el león nos jura que ha sido un momento de ofuscación, que jamás volverá a tocarte, que nunca hace eso y que no volverá a ocurrir... ¿debemos creerle? ¿Podríamos diferenciar un zarpazo puntual de uno que anuncia un futuro de muchos zarpazos?


En realidad podríamos establecer una clara diferencia entre un zarpazo puntual y otro que no lo es. Cuando una persona que nunca ha sido un león, levanta la mano, es porque durante un buen rato le hemos estado increpando y haciéndole daño de forma continuada hasta conseguir esa reacción. Si tú eres gacela, tú mismo podrás analizar las pocas veces que has perdido los estribos y detectar el mecanismo que ha hecho que tú saltes como un resorte. Normalmente suele suceder cuando nos hieren profundamente con un insulto demasiado fuerte, atacando nuestras debilidades o como defensa frente a una agresión. En el fondo, todos podemos ser violentos si alguien pulsa en nosotros el botón adecuado.


Pero, en el caso de un león, la cosa es diferente. Los leones no levantan la zarpa en un caso extremo solamente. También lo hace en circunstancias que nosotros no podríamos controlar, la mayoría de las veces por celopatía. Una simple mirada casual a un supuesto contrincante,  les sirve a los leones para justificar su violencia. Algo que no hiciste o no contaste o algo que hiciste pero que no tenías ni la más remota idea de que podría ser causa de su enfado. Si la razón es el estrés, entonces no tiene razón alguna porque todos sufrimos estrés y no vamos pegando a quienes queremos.


Analiza aquello que mueve a tu pareja a levantar sus zarpas contra ti y te darás cuenta de que vives con un león. Podrías pensar que es un problema de entendimiento y creer que en cuanto te conozca un poco mejor cambiará pero no lo hará, sólo buscará otras razones para levantar la mano.


Podrías pensar también que no ha podido controlarlo pero tampoco es escusa porque, si es así, tampoco podrá controlarlo la próxima vez... y si te cuento la verdad, sí que puede controlarlo porque lo hace a diario con otras personas en el trabajo o en la calle.


Sé intolerante con la violencia. Permite únicamente una sola bofetada, la definitiva, la que debe ayudarte a tomar la decisión. No analices las razones, no existe un sólo motivo para soportar que alquien atente con tu integridad física. Te habrás dado cuenta de que al principio de este artículo te indiqué que podría existir un motivo por el que una persona levante la mano y no sea león y es que le hayas hecho tanto daño que no haya podido encajar tus golpes. En ese caso también debes dejarle para no seguir haciéndole daño. Quizá el león seas tú.


Realmente da igual preguntarnos si el primer zarpazo es una excepción por parte de nuestra pareja. Nosotros debemos hacer que sea el último. ¡Rompe la relación! No importa que haya amor todavía. Cuando se llega a las manos, ya se ha roto todo lo bonito que había entre vosotros. No analices motivos, no justifices circunstancias, no des segundas oportunidades. Si das segundas oportunidades, tendrás que dar terceras. No tengas miedo a la soledad, será mejor que la tristeza. No te apenes por el león... ya encontrará a otra gacela. Saben cómo hacerlo. No se va a morir si le dejas. No eres imprescindible.


No tengas la más mínima duda. Si te duele la más mínima parte de tu cuerpo porque te han pegado, rompe la relación. Será bien para tí y para tu león. La única forma que tenemos de conseguir que cese la violencia de los leones es enseñándoles que en cuanto levantan la zarpa, nos pierden.


¡Ni un sólo pelo!

PERSONALIDADES VIOLENTAS
de ECHEBURUA-ODRIOZOLA, ENRIQUE


Descripción publicada en "La Casa del Libro": "Los protagonistas de la violencia social no suelen ser habitualmente enfermos mentales, sino más bien personalidades antisociales desarrolladas en medio del abuso infantil, de los problemas económicos, de la humillación del castigo físico sistemático o de la ruptura familiar. El alcohol o las drogas son, con frecuencia, el detonante principal de la violencia, que en ocasiones puede estar acentuada por el impacto de la pornografía y del mimetismo de las películas violentas, así como por la notoriedad adquirida por los delitos cometidos en los medios de comunicación. En este libro se exponen los aspectos psicopatológicos implicados en las conductas violentas, en general, y en la violencia sexual en particular. Se analiza el problema de la violencia en el hogar y en el sistema penitenciario, con una atención especial al estudio de los permisos penitenciarios de salida. Se señalan las posibilidades de intervención a nivel clínico, familiar e institucional sobre las personalidades violentas, así como los resultados y límites de dichas intervenciones. Por último, se trazan algunas vías de actuación a nivel preventivo en el ámbito de la familia, de la educación y de los medios de comunicación".