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Lo mejor está por llegar

También puedes encontrarme en el programa radiofónico "lo Mejor Está por llegar" que se emite en Radio Albolote los Viernes a las 9.30. En este enlace puedes escuchar los programas que ya se han emitido:

sábado, septiembre 10, 2011

La técnica del ramo de rosas o lo que yo llamo "la parte maravillosa"

Fuente de la foto
"Mi león, cuando no es violento, es maravilloso".... ¡Cuántas veces habré oído esa frase! Siempre es maravilloso, no es torpe, ni estúpido, ni mediocre... simplemente es maravilloso. Obviando el pequeño detalle de que convierte en un infierno nuestra vida, los leones son maravillosos y proporcionan momentos mágicos que nos confunden y nos atormentan. No me burlo, yo también he tenido momentos maravillosos que me han confundido y atado durante años a ese juego infierno-cielo al que nos someten los leones.

El pensamiento de las gacelas es aplastantemente lógico: Si nuestro león es capaz de proprocionarnos la gloria a la vez que nos proporciona un sufrimiento horrible, lo que hay que hacer es convencerle para que siempre nos tenga en la gloria. Si el león es el ying y el yang, el origen de los dos lados, sólo tenemos que concentrarnos en conseguir de este león uno sólo de los lados: el cielo, el ying, lo bueno, LA PARTE MARAVILLOSA... y

 ¿qué hacemos las gacelas para intentar conseguir esa parte maravillosa?

Argumentamos primero, pensando que con las palabras conseguiremos algo. Tratamos con cariño al león esperando de él la contrapartida. Obedecemos hasta en lo más sórdido para evitar que se enfade. Renunciamos a lo se somos: renunciamos a nuestros amigos, renunciamos a nuestros sueños, renunciamos a nuestra familia, renunciamos a crecer, renunciamos a la libertad... todo por esa parte maravillosa que creemos única en el mundo. Si con nuestras renuncias no son suficientes, entonces proponemos cambios: ir en pareja al psicólogo, ir en solitario al psicólogo, perdonar con condiciones de cambio...

Esa es la lógica aplastante de una gacela, pero ahora voy a explicar la lógica aplastante de un león, la parte que las gacelas no conocen y no comprenden porque andan demasiado entretenidas en intentar conquistar la parte maravillosa.

Cuando nos enamoramos de alguien, seamos gacelas o leones (o ninguna de las dos cosas), queremos que ese alguien desee estar con nosotros todo el tiempo y le vamos lanzando cebos dulces para atraerle hacia nosotros. Procuramos conocer lo que le gusta y vamos tanteando a ciegas las preferencias del otro para hacerle entender que estamos en sintonía. Nos convertimos en grandes publicistas de lo mejor de nosotros: nuestra ternura, nuestro entusiasmo, nuestro encanto personal... En definitiva, sacamos a flote nuestro cielo donde el otro puede acomodarse feliz.

En lo que se diferencian los violentos de los no violentos es en cómo entendemos que debe acomodarse la persona amada. Quienes no somos violentos, entendemos que el otro tiene una vida, tiene un trabajo, tiene amigos del propio o del otro sexo con los que se divierte y es feliz, puede que tenga incluso hijos a los que debe dedicarle tiempo. Los que no somos violentos, entendemos que el otro tiene sus propios sueños, sus propios problemas, sus asignaturas pendientes que hay respetar.

Pero un león sólo entiende que si te acomodas en su cielo, le perteces y todo lo que te rodea debe dejar de existir. Como eso no es posible, cada vez que algo de la persona amada interrumpe para dejar patente su existencia, el león reacciona con violencia porque tiene muy baja resistencia a la frustración y ante sus ojos, NO PUEDE EXISTIR.  No es posible que tengas amigos del otro sexo, ni es viable que hables con personas en el trabajo y tampoco que salgas por tu cuenta y te diviertas sin el león. Simplemente, no debe existir, y como existe, como tu personalidad lleva contigo lo que amas y lo que te conforma, y sale a la luz involuntariamente, entonces el león cierra a cal y canto la puerta del cielo y TE LLEVA A RASTRAS A SU INFIERNO.

Pero ¿qué ocurre si siempre te llevara a ese infierno? ¿Que ocurriría si todos los días estuviérais de malas? Pues que lo tendrías muy claro y mandarías a la mierda. Así, llanamente: "¡Vete a la mierda!". Eso lo sabe tu león. Por eso, para que le sigas perteneciendo, después de asustarte y meterte en su infierno, te abre un ratito las puertas del cielo para que no puedas tomar una decisión. Es lo que le he leído a algunos psicólogos llamar "la técnica del ramo de rosas" y que lo describe muy bien: un día te pega una paliza y al día siguiente se acerca llorando e implora tu perdón con un ramo de rosas.

A veces actuamos de forma inconsciente, pero respondiendo siempre a una lógica de lo más consciente.  Si no quieres perder a alguien, tienes que hacerle feliz y por eso tu león es a veces maravilloso.... para que no te vayas.

El caso es que lo consigue