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Lo mejor está por llegar

sábado, noviembre 19, 2011

Fijar la vista en el balón para esquivarlo

Hay personas que han sufrido violencia durante tantos años que, cuando por fin encuentran la libertad, al poco tiempo desarrollan una enfermedad, en la mayoría de los casos, relacionada con el cáncer o de tipo cardiovascular. Está comprobado que sufrir durante mucho tiempo tiene estas catastróficas consecuencias. Así que  voy a empezar este artículo partiendo de la defensa irrefutable de la felicidad como un derecho saludable y no como un acto egoísta.

La razón por la que se desarrollan estas enfermedades tiene un claro origen en el estrés, a veces, post-traumático. Lo denominan así al estrés causado por una situación trágica que se caracteriza por su continuidad en el tiempo una vez que ha finalizado dicha situación generando ansiedad, pensamientos repetitivos, desconfianza y miedo frente a amenazas que aún no se han producido o que ya no existen.

Pero a veces, el estrés sin esa coletilla, el que se desarrolla durante un enfrentamiento, también cuenta en la suma fatal de méritos para acabar enfermo.

La adrenalina producida por un enfrentamiento genera, entre otras consecuencias, la aceleración del ritmo cardíaco y ésta presión continuada sobre nuestro sistema nos daña lenta, gradual y e irreversiblemente nuestra salud como lo haría fumar o tener una dieta insana.

Además suele ir acompañado de malos hábitos derivados de una forma de pensar basado en la subsistencia y carente de razones ilusionantes por las que cuidarse (no se come o se come mal, no se duerme lo suficiente, no se hace deporte etc... ). De hecho, he leído que una de las formas de afrontamiento del estrés suele ser precisamente la de adquirir hábitos insanos (beber alcohol, tomar drogas, conducir peligrosamente...)

La consecuencia es tremenda y se da en demasiados casos. Por eso debemos pensar en algo para que nuestro sufrimiento no nos lleve a este desenlace tan injusto.

Hace unos días, leyendo mi mamotreto sobre Psicopatología, ese que comentaba en mi artículo anterior, que tiene demasiadas páginas que hablan de métodos de investigación sobre el estrés en vez de hablar del estrés, leí un fragmento pequeño que me sorprendió por romper la tónica sobre la descripción de formularios para mencionar que el estrés se genera en muchas ocasiones por falta de control sobre una  situación amenazante.

Pensé que no había nada más amenazante que vivir o trabajar con un león y, también pensé que no había nada más incierto que el carácter de los leones, quienes reaccionan violentamente por razones que se escapan de nuestro control. No hay nada, absolutamente nada, que podamos hacer para aplacarles. Simplemente estallan y a veces lo hacen incluso por motivos que imaginan.

Una vez contaba una mujer en televisión que su ex-león le había propinado una paliza una noche en la que ella dormía. La razón de la paliza era un sueño. El león había soñado que su mujer le era infiel y, para que ni siquiera lo hiciera en sueños, le infligió un severo escarmiento. ¿Cómo no enfermar después de ésto?

Es evidente que no podemos controlar los actos violentos ajenos. Ni siquiera, aún estando libres de vivir con un león, no podemos evitar que, caminando por la calle, nos encontremos con individuos que decidan hacernos daño y eso es un riesgo que existe siempre aunque tengamos todas las precauciones del mundo. Cada vez que conocemos a una persona nueva hacemos un acto de confianza sin saber cómo es.

Cuando era niña, jugaba a un juego de pelota al que le llamábamos "el quema". Era un juego entre dos bandos enfrentados y el que tenía la pelota trataba de "quemar" a los jugadores del bando contrario, lanzando los balones con fuerza para que éstos, una vez que tocaran al jugador, cayeran al suelo. En este juego desarrollábamos una habilidad extraordinaria para esquivar balonazos o incluso cogerlos al vuelo.

Recordé este juego una vez que caminaba por un campo de fútbol. Siempre había temido que, atravesando un campo en el que anduvieran niños jugando a la pelota, tarde o temprano, se escapara un balón y me cayera a mí el pelotazo.... hasta que un día, recordé que era bastante hábil en el juego del quema y decidí seguir la pelota con la vista al atravesar el campo de juego. Si la pelota se escapaba, sabría esquivarla. Desde entonces ya no le tengo miedo a los campos de fútbol.

Esta anécdota recuerdo haberla contado en algún artículo anterior y seguramente la utilicé como ejemplo para lo que quiero proponer ahora:

Si no hay control sobre lo ajeno, lo que sí puede haber es control en nosotros mismos.

Fuente de la foto

Si no podemos evitar que un balón nos venga a agredirnos, sí que podemos ser menos vulnerables aprendiendo a esquivar los balones.

No podemos evitar que el león con el que convivimos, intente hacernos daño pero sí podemos aprender técnicas de evitación, fortalecer nuestra estima, procurar nuestra seguridad, preparar nuestra fuga, informarnos de los aspectos legales y económicos... en definitiva, podemos trabajar para vencer nuestra indefensión potenciando nuestras habilidades o bien desarrollando otras.

¡Se puede hacer!

Sólo hay dos vías en esta vida para todo lo que nos aqueja: o símplemente lamentarnos, dando por hecho que no se puede hacer nada, o cuestionando la vulnerabilidad y hacer algo al respecto. Por muy mal que nos vaya en la vida, aún hay una parcela dentro de nosotros que no es posible invadir y que nos pertenece.

Una vez conocí a un hombre que había estado en un campo de concentración nazi y andaba por el mundo contando su experiencia y dijo una frase que debería ser tu lema si te encuentras atrapad@:
Sobreviven aquellos que tienen algo por lo que desear seguir vivos.

Y tú tienes un gran motivo para desear seguir viva, gacela y te voy a explicar cual és: Cuando se sale de esto, cuando decides salir de este infierno e inviertes todas tus energías en conseguirlo y al final sales, nunca más vuelves a ser la misma persona. Te conviertes en una persona más fuerte y la libertad que experimentas la vives con mucha más intensidad que los que nunca han pasado por este infierno porque sólo los que han sido esclavos, saben ser libres después.

¡Conquista tu libertad, gacela! ¡Juega al quema! ¡No te rindas!