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Lo mejor está por llegar

domingo, noviembre 06, 2011

La voz más poderosa: nuestra voz

Hace unos días recibí un comentario en este mismo sitio que me prendió la idea para un nuevo artículo sobre lo que los demás nos plantean de nosotros mismos, que a su vez afecta directamente a nuestras decisiones y que afecta especialmente en el tema del "estado de fuga". Puedes encontrar los comentarios completos aquí, pero pueden resumirse en que a veces nos dicen qué nos pasa y nosotros lo creemos a pies juntillas, y puede resultar que quien nos lo diga lo haga por nuestro bien o que quien nos lo diga lo haga porque no nos entiende. En los comentarios, Macarenaterri me comentaba que su león le diagnosticaba una depresión, seguramente, para excursarse de su propia responsabilidad.

Estoy leyendo un manual de psicopatología del programa de estudios de la carrera universitaria de psicología . Como no soy psicóloga, quiero entender qué puedo aprender del programa de estudios que me pueda servir para mi blog y ahora mismo estudio sobre el estrés. Me llamó la atención que, teniendo en mis manos un ladrillo de ochocientas páginas tamaño Din A4 aproximadamente, hubiera leído 50 páginas sobre el estrés y ninguna de ellas me informara de algo especialmente revelador. La mayoría de ellas narraban métodos de estudio que ni siquiera describían. Comentaban la historia de hace unos cien años en las que los psicólogos idearon un formulario para medir el estrés y entre unos autores y otros fueron perfeccionándolo... pero ninguna palabra realmente útil del estrés y me dije a mí misma: ¿cómo es posible que un psicólogo pueda ayudar si lo que estudia en la carrera sólo son historias sobre cómo los psicólogos del pasado medían, estudiaban o diagnosticaban? Ojalá me equivoque; a fin de cuentas sólo llevo 50 páginas de un manual de psicopatología.

Lo único que puse sacar en claro es que hay formas de ser que favorecen el estres y hay formas de ser que lo amortiguan y sobre eso sí que me pareció interesante aprender algo más, aunque el manual no se extiende en esa tipología de actitudes atenuantes o estimulantes del estrés. Sólo menciona algunos casos como la alexitimia que la poseen aquellos que no pueden explicar lo que sienten y tienen claras dificultades para "desahogarse" como decimos todos.  

Cuando vivimos en un estado de fuga, sufrimos algo parecido a la alexitimia sólo que es el entorno el que la provoca y no nuestra propia incapacidad. Vivimos tantas contradicciones que eso nos paraliza. Nuestro león se la pasa todo el tiempo diciéndonos que nos quiere y que nos perdona nuestros defectos. Nos hace un daño terrible y luego nos responsabiliza de ese daño. Las gacelas amamos pero hemos sentido tanto dolor que odiamos a la vez y no sabemos nunca lo que tenemos que hacer: ¿perdonamos, cerramos capítulo, huímos, permanecemos, damos otra oportunidad?

Fuera de nuestra relación nos encontramos con tres tipos de actitudes. La más común es la de los que no se pueden ni oler lo que pasa en las casas de los leones, porque tanto los leones como las gacelas han procurado que fuera de casa, nadie sepa lo que se cuece dentro y vendrán amigos de los leones que le confesarán a las gacelas que son una pareja estupenda y que tienen suerte porque el león es una persona estupenda y que deberían sentirse afortunadas.

Luego están los que sí que saben lo que se cuece y que suelen ser familiares de la gacela porque en momentos críticos, ellas han tenido que pedirles ayuda y éstos son tajantes: ese león no te quiere, déjalo, olvídate de él... normalmente son personas que el león ya las odia porque sabe que son una amenaza en su relación y hacen todo lo posible para que las gacelas se separen de ellas.

Hay un tercer tipo de actitud, raro y difícil de encontrar pero tremendamente necesario, que sólo se limita a escuchar a las gacelas y a tratar de entender cómo se sienten y hablan con ellas en sintonía con sus dudas y sus sentimientos y éstas personas son las que verdaderamente ayudan a las gacelas a salir de su alexitimia forzada, porque cuando ellas les envían su voz, estas personas les devuelven la misma voz enriquecida, llena de esperanza y llena de futuro que a fin de cuentas es lo que necesitamos para afrontar los duros presentes. A propósito de presentes y futuros, te dejo escrito un poema que, una vez, viviendo todavía con mi león, escribí con la esperanza de que encontraría mi propia libertad:


El futuro existe

y está lleno de promesas

como un frasco

rebosando caracolas.

Y nos queda eso, esa lucha legítima

que nos hace propietarios

de la certidumbre

Nos queda el trabajo

la esperanza

nos queda la vida

y como bandera

EL AMOR QUE NOS HAN DADO.

El futuro existe

y exige un presente optimista.

Y yo voy a la caza

de ese futuro que parece escurridizo.

Mis días no tendrían sentido

sin ese nido de luciérnagas

Que es mi fe.


Puede ocurrir que no encontremos personas del tercer grupo y que oscilemos con el baivén de los dos grupos anteriores que con toda su buena intención, nos llegan de angustia sin proponérselo y nos empujan a ese pozo oscuro de alexitimia forzada porque, como no nos entienden, llegamos a la conclusión de que mejor nos callamos: No podemos hablar con nuestro león porque es bronca segura, no podemos hablar con las personas que ven nuestra pareja ideal porque se sorprenderían, no podemos hablar con quien sí que nos conocen porque no entienden nuestras dudas... conclusión: no hablamos. Sólo dudamos y dudamos y dudamos....

Sin embargo, no todo está perdido. Hay una forma de salir de la alexitimia, de encontrar lo que realmente se mueve dentro de nosotros, lo que necesitamos para tomar decisiones y te sorprenderías de lo curiosa y estúpida que parece esa fórmula.

Imagínate que te encuentras con un genio y decide concederte, no tres, sino todos los deseos que te gustaría que se cumpliesen, absolutamente todos, sin límite:


¡Pide sin miedo a tu genio!


Fuente de la foto
Te parecerá una estupidez pero al hacer eso, al pensar sobre tus deseos, vas despejando dudas que te atormentan. Pongamos uno muy típico: deseo que mi león cambie y seamos felices... ese podría ser un deseo tan legítimo como cualquier otro, recuerda que tu genio no te pone cortapisas para pedir deseos. Ahora bien, como en realidad no existe el genio, sabes que eso es bastante improbable que se cumpla pero podemos sacar bastantes conclusiones de ese deseo: la primera es que tú no te irías de su lado si él cambiara y podrías ser feliz si no fuera violento. Pues el caso es que ya sabes que no te gusta vivir con lo que estás viviendo, tan simple como eso y ya has despejado una duda: no quieres vivir con la violencia y ésta es una gran certeza. Otra cosa es lo que decidas con esa certeza pero ya sabes que es una certeza.

Duda despejada.... ¡Pide más deseos!

Si tienes miedo de escribirlos y que alguien los encuentre publícalos en mi blog... quizá puedas ayudar a otras personas a formular sus deseos. Yo voy publicar uno: todas las mañanas me topo con un león que, gracias al cielo, no tiene nada que ver conmigo pero siempre me toca verle en acción: deseo no tener que verle más.