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Lo mejor está por llegar

martes, noviembre 29, 2011

No somos los idiotas

Tengo la costumbre de hablar de mi pasado con libertad pero no siempre me encuentro el mejor interlocutor, lo que me lleva a la conclusión de que la prudencia es una virtud. La respuesta más común que una gacela se encuentra cuando expone su problema es una crítica sobre su capacidad para afrontar el problema: "Eso es porque aguantas demasiado" "Eso es porque lo permites" "Eso es porque consientes"...

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Cuando un interlocutor habla con tanta ligereza de lo fácil que les parece a ellos "resolver este asunto", me siento bien y me parece estupendo que no lo entiendan porque eso quiere decir que no lo han vivido y eso siempre es una buena noticia, y puede que haya personas más invulnerables que otras pero hay un punto en que hasta los más seguros de sí mismos pueden convertirse en gacelas heridas porque, cuando hay amor, solemos bajar la guardia.

La mayoría de las veces vamos por la vida indefensos. No solemos aprender defensa personal por si alguien nos ataca en la calle ni salimos de casa con un chaleco antibalas y no por eso somos tachados de estúpidos. Entonces, si esto es así, ¿por qué somos tachados de estúpidos cuando no podemos defendernos de las agresiones verbales? Parece como si el problema lo hubiéramos generado nosotros. He llegado a oír comentarios tan intolerantes como esta perla: "hay gacelas a las que les va la marcha".

El ser humano ha nacido para ser amado. A nadie le va marcha. Hay cosas en esta vida que son de perogrullo ¿Quién desea ser naltratado en la vida? Absolutamente nadie. Otra cosa muy distinta es que amemos a una persona que un día, de repente, cuando menos te lo esperas, levanta la mano y entonces te encuentras con el terrible dilema de qué hacer pero lo que desearimos es amar y ser amados en la misma medida. Aún así, despues de sufrir viene el que nunca ha experimentado la violencia, y nos llama estúpidos y al parecer somos más estúpidos que aquellos que van por la calle y les atraca un asaltante, o los timados, o los que van a trabajar a una empresa y sufren abuso por parte de sus jefes.

Para que nadie nos hiciera nunca daño,  tendríamos que ir por la vida con un escudo, con conocimientos de defensa personal, con conocimientos de derecho, con conocimientos sobre finanzas, tendríamos que aprendernos de arriba a abajo el Estatuto de los Trabajadores, tendríamos que hacer la carrera de psicología, tendríamos que aprender dialéctia, teoría del discurso, habilidades sociales... todo eso sólo para que no nos hicieran daño en la vida. ¿Realmente tiene sentido?
En algunos aspectos de nuestra vida puede que seamos más fuertes que en otros. Es posible que no nos puedan engañar en el terreno laboral pero sí lo puedan hacer en el económico. A lo mejor nadie puede con nosotros si nos grita, pero nos pueden reducir en un rincón oscuro con una navaja. La vulnerabilidad no está ligada a la inteligencia y además nos pasa a todos en un aspecto u otro.

No está el problema en quienes sufren violencia sino en quienes la ejercen. Ellos son la causa. No entiendo por qué la gente tiene la manía de responsabilizar de lo que les ocurre a quienes ya tienen suficiente con  aguantar la violencia.

Todos sabemos en nuestra vida cómo hacer daño al otro y todos podemos elegir NO hacer daño, así que tiene más sentido que centremos nuestra atención en los que agreden y criticarlos a ellos que a sus objetos de agresión, quienes, a fin de cuentas, no eligen ni pueden hacerlo.

No elegimos que nos hagan daño. Elegimos a quien amar pero no decidimos que el león debe devorarnos. No somos responsables de la violencia ajena. No somos los que debemos esforzarnos y trabajar para que eso no ocurra porque no somos quienes tomamos parte activa del asunto.

No somos los idiotas.