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Lo mejor está por llegar

martes, abril 17, 2012

¡Corred, gacelas!

Hace unas semanas, respondiendo al artículo ¿Por qué las gacelas no denuncian? recibí un correo electrónico que transcribo más adelante y que, para mí, tiene un gran valor por varias razones: la primera de ellas es porque descubro que al otro lado mi de mi blog hay gacelas valientes que hacen su trabajo muy bien, a veces sin ayuda de nadie y con una fuerza increíble. La segunda razón es que estas gacelas dieron un paso adelante que yo no di, lo que las convierte en mis heroínas y me ofrecen, por tanto, una información que para mí es totalmente desconocida.  Han ido a un juicio, sin importarles el resultado, intentando defender su dignidad y han estado luchando hasta el final.

La tercera razón y la más importante, es que recibo palabras igual de valiosas de las que intento ofrecer, llenando mi corazón de sabia nueva,  consiguiendo que bombee sangre con una fuerza que me alimenta para seguir escribiendo:

“Buenas tardes Ana:

Ya que su e-mail habla sobre denuncias le contaré mi experiencia propia por si a alguien le sirviera de ayuda.

Viví con mi león durante poco tiempo (un par de años), aunque suficiente para que pudiera comprobar qué clase de "hombre" es.

Ocurrió un hecho que para mí fue la gota que colmó el vaso, vivía en otra ciudad sola con él y su familia y amig@s, aunque no estaba lejos de la mía. Esa noche cojí parte de mis cosas y me fuí en un taxi definitivamente.

Durante una semana tuve que continuar yendo a su ciudad ya que no quería dejar mi trabajo de allí y que mi jefe se viera perjudicado por todo esto. Semana que imaginarás cómo andaba por su ciudad, que es bastante pequeña.

Una vez terminada esa semana decidí denunciarlo. Me costó por el tema de siempre, el apoyo familiar (que en un principio no, pero al final sí lo tenía) y el económico.

Cuando decidí denunciar fui al piso en el que vivía con él y recopilé todas las pruebas que pude, hice fotos a las manchas de sangre (que su madre se ocupó de limpiar esa misma noche, incluida mi camiseta, pero quedaban restos) y los destrozos del piso. Durante dos días a mi marcha del piso recibí 158 mensajes y unas 100 llamadas, que evidentemente guardé como prueba. Estas dos "únicas" cosas eran las que tenía como prueba, más el examen médico de los hematomas y la baja laboral y por supuesto mi testimonio.

Durante el proceso, fui a su ciudad en una ocasión para testificar, el forense y el psicólogo, que imaginarás cómo son esas horas...fui con mi abogado, ya que no quise involucrar a mis padres en todo esto. ¿Por qué no pudo hacerse este proceso en mi ciudad?

En esa ocasión él no estaba allí, pero la segunda, cuando fue mi amiga de testigo (que en realidad no vio nada y fue sincera, pero me pidieron un testigo) sí que estaban sus padres y él. Yo no pude ir con ella puesto que no fui lo suficientemente valiente para ello, pero por lo que después me contó, estuvo sentada todo el tiempo, en un mismo banco de un metro y medio, con él y sus padres. ¿Por qué juntan a las partes?

El año siguiente fue el juicio y la verdad es que tenía a un amigo por abogado que intentó en todo momento que no nos cruzáramos, salvo cuando testifiqué delante del juez, que lo tuve detrás. En ese momento me sentí segura y muy orgullosa de mi misma, sabía que había que poner toda la carne en el asador y que independientemente de lo que el juez y demás personas pensaran de mí, contaba con el seguro más importante, la Verdad. Había estado sumamente nerviosa los días previos (nunca había tenido un juicio ni parecido) y cuando entré, ni siquiera lo miré, me limité a tener la cabeza alta.

Al mes recibí la resolución, 2 meses de trabajos sociales, 150 metros lejos de mí y 300 euros, el dinero me da igual, pero sin duda, es una mala forma de evaluar, si lo tenía claro ahora lo tengo más.

Como conclusión podría sacar que no merece la pena denunciar, pero por otra parte, no quiero pensar esto, ya que otras mujeres pueden tener más suerte y que además he ganado algo muy importante en la vida, me he demostrado a mí y a los que han estado conmigo que soy valiente, algo que me sostiene en otras situaciones de la vida.

Con el tiempo conocí a otra persona, pero no sólo ha salido mal, sino que me he dado cuenta de que sigo sin distinguir lo que es un trato justo de lo que no en las relaciones de pareja, ya que aunque no ha habido maltrato NI MUCHO MENOS, sí que he continuado aguantando ciertos detalles que ahora que me encuentro mejor me doy cuenta que no debería aguantar. Tengo miedo a no volver a ser la que era antes de conocer a mi león. 

Me gustaría contactar con un psicólogo, pero no sé cómo hacerlo y como siempre, el dinero... Y no sé qué opciones tengo.

Cuando hice la denuncia, mi abogado y yo redactamos todos los episodios de "maltrato" que se habían dado durante la relación, pero la persona pertinente (no sé qué cargo es el que se dedica a ello) consideró que sólo se juzgaría el último hecho, aunque te aseguro que los anteriores no eran despreciables. Es por esto por lo que imagino que la sentencia se redujo tanto, porque no se tuvieron en cuenta los episodios anteriores (ya en sí injusto).

Y otro aspecto que no me pareció bien (esto es sólo mi opinión). Según lo poco que sé de leyes, uno de los objetivos durante el proceso es no "quemar" a la víctima recordando constantemente el suceso. Pues bien, en mi caso particular, mi león me envió 158 sms (con una media de 3 páginas por sms) en un día y medio, te puedo asegurar que para mí este hecho, aunque no se sufre en persona, llegó a llevarme a situaciones de estrés importantes. 

Los usé como prueba, pero la persona que tenía que transcribirlos para archivarlos como prueba consideró que era demasiado trabajo para él y me pidió que los pasara yo a documento word. Cosa que por supuesto hice cuanto antes para poder olvidarlos una vez tenido que releerlos. Soy consciente de que eran muchísimos y largos, pero la verdad es que me sorprendió bastante este hecho.

Es mi obligación ayudar a mujeres que se encuentran (o encontraron) en nuestra misma situación y ayudarlas a ver que hay salida y que otra vida es posible.”

Esta es la historia de una denuncia en un juzgado de España, donde los políticos se llenan la boca de sus grandes medidas contra el maltrato y ni siquiera son capaces de cortar de pleno el maltrato psicológico que se ejerce en televisión.  

Nadie, ni los jueces, ni los políticos, ni los funcionarios (salvo uno que conozco yo) ni todas las personas que intervienen en estos procesos entienden dónde se produce el daño, cómo afecta y qué se necesita para paliarlo. No lo entienden ni siquiera los familiares, ni muchos de los amigos. A las gacelas sólo las entienden otras gacelas o algunos psicólogos que han lidiado con gacelas durante mucho tiempo y que son capaces de identificarlas por los síntomas que cuentan.

Tampoco son capaces de entender que los leones, un día pueden llenar una camiseta de manchas de sangre, y que con 300 euros y trabajos sociales, lo único que van a conseguir es que encuentren a otra gacela y ese día, en vez de mancharle la camiseta de sangre, le arranquen el aire de los pulmones.

Los leones son leones con todas las gacelas que se encuentran a su paso y si un día levantan la mano, no tendrán límites para levantar la mano con un cuchillo. Sólo es una cuestión del grado de tensión.

Al final, me doy cuenta de que la ineficacia se produce por la incomprensión, por la falta de conocimiento y, como digo yo, quien no conoce es porque, gracias a Dios, no lo ha experimentado. Sin embargo, la lamentable consecuencia es la impunidad de los leones  (y leonas también) para cometer sus tropelías con gacelas que, posiblemente ahora mismo, no conocen su fatal destino.
¡Corred gacelas!
Tengáis la ley de vuestra parte o no…
¡Corred todo lo que podáis y no miréis atrás!

Fuente de la foto