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Lo mejor está por llegar

sábado, septiembre 15, 2012

La importancia del factor sorpresa

Muchas gacelas, con la intención de hacer las cosas bien, de ir siempre de la forma más honesta posible, se encuentran con el inconveniente, de que al informar a sus leones de las cosas que pretenden hacer, éstos aprovechan la información que tienen para boicotear sus intenciones. Claro que no van a perder cualquier oportunidad que se les presente. Si las gacelas le dicen que se van a marchar de casa, les boicotean el plan, si las gaceles anuncian el fin de una relación, ellos ruegan y lloran y hacen dudar a las gacelas para que éstas cambien de opinión y en un porcentaje muy alto, consiguen que las gacelas reculen. 

Si las gacelas avisan de sus intenciones, los leones utilizan a su favor. Cualquier información que, por honestidad, por desear que la relación funcione, se ofrezca de forma generosa, se convertirá en un eslabón más de nuestra cadena... y yo lo entiendo y creo comprender por qué las gacelas hacen eso. Están movidas por dos fuerzas muy poderosas: por un lado, el miedo y, por otro, la culpa.

El miedo a ser descubiertos nos hace obedecer ciegamente sin poner en tela de juicio la  autoridad de quienes nos obligan  a renunciar a nuestra libertad. A veces pedimos permiso para hacer cosas que, sabemos, no van a gustar pero son absolutamente inocentes (hablar con desconocidos, ponernos un vestido algo especial, acordar algo con la familia o asistir a un curso o a un trabajo que necesitamos).  Sabemos que ese permiso no va a ser concedido pero tenemos tanto pánico a hacerlo sin permiso que, aún así, lo pedimos.  Una vez escuché una frase que nunca después se me ha olvidado y que recomiendo como mantra:


Prefiero pedir perdón a pedir permiso. 



Una vez que hemos saltado el miedo, aunque lo hayamos conseguido, aunque hayamos desobedecido lo "inobedecible" entonces nos invade un sentimiento de culpa tan fuerte, tan poderoso, que tampoco nos deja vivir.  A veces llamamos a nuestra madre y hablamos de nuestra pareja de las cosas terribles que nos ha hecho y, tras desahogarnos, la culpa es una losa atada a nuestro cuello.  Lo hacemos, sí, pero no convencidos sino con esa terrible sensación de haber traicionado y odiamos tanto ese sentimiento, que lo evitamos a toda costa. 

En una relación donde no te hacen daño, te aseguro, querida gacela, que esos sentimientos desaparecen por completo. Que uno puede hablar con quien quiera, vestir como quiera y relacionarse como quiera con la familia y los amigos, y no existe la culpa. No existe el miedo¡. No existe la tristeza ni existe, por supuesto, la privación de libertad. 

Puesto que no tienes más remedio que vivir con estos sentimientos, no intentes ir de frente, no trates de ser honesta, no pidas permiso y jamás avises de lo que vas hacer. Si no le das oportunidades para boicotear tus planes, no lo podrá hacer.  El factor sorpresa es tu ventaja, así que no avises de que vas a cortar la relación, sólo córtala, ni informes de que te vas a ir de casa, sólo vete un día que él no pueda impedírtelo, saca tu maleta escondida y vete. No informes adónde vas y si tienes que volver a casa a recoger tus cosas, no vayas, envía a alguien que se pueda defender o pide a la policía que te acompañe. 


¡No avises, sorpréndele!

Fuente de la foto